Guegui, como le decían sus familiares y amigos, era una joven comprometida que luchaba contra la injusticia, extremadamente generosa y dispuesta, inteligente, persistente en su trabajo revolucionario, excelente compañera y amiga, muy graciosa y vivaz.
Oriunda de Santiago del Estero, se trasladó junto a su compañero de vida a Buenos Aires a continuar y profundizar su trabajo revolucionario, en la lucha por una sociedad más justa, con una comprometida militancia en el PRT-ERP.
Ya instalados en la ciudad, tuvieron a su hijo, Benjamín Correa.
Luego de ser detenida y liberada en Santiago del Estero, según la recuerdan desde el Instituto Espacio por la Memoria, en una publicación de IG: “… partió a Tucumán y luego a Buenos Aires, donde continuó su militancia. Allí nació su hijo, Benjamín. Su compañero, Alfredo Correa, fue detenido. Ella eligió quedarse. En la clandestinidad. En la ternura. En la resistencia”.
El 24 de abril de 1976 salió de la casa de su suegra, en Barracas. La secuestraron en la Terminal de Ómnibus de Retiro. A su hijo lo dejaron después en la casa de su abuela. Nunca se volvió a saber de ella, hasta que una testigo declaró que había sido vista en un centro clandestino de detención y que no había vuelto de una sesión de tortura.
En 2009 sus restos fueron encontrados en una fosa común en el cementerio de Avellaneda, gracias al trabajo de Organizaciones de Familiares y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAFF).